miércoles, 16 de noviembre de 2011

Perfumes? no gracias...

Hace un par de días atrás, sentada en una cafetería, observando y oyendo las otras mesas de café, me llamó la atención un relato en particular, uno de esos que te hacen pensar cada vez más, en que la estupidez humana es la única conducta que no se puede re direccionar, cuando eres así, no hay remedio. Una de las mujeres, muy bien vestida, mejor dicho elegante, un cabello perfectamente arreglado, su cara decía lo bien descansada que estaba, no pasaba los 50, pero denotaba un gran interés en su imagen, un buen desayuno acompañada por otras mujeres del mismo estilo, todas dispuestas a develarse los acontecimientos que en sus rutinas necesitaban una segunda opinión, lo incongruente de esto, es que estaban en la cafetería típica de barrio, de sillas metalizadas haciendo juego con la mesa, quien nos atendía a todos, era el dueño, con su gran bigote, y mientras miraba la calidez de ese hombre cada mañana hacia todos los que solicitamos la gasolina para el cuerpo, escucho de la mesa de las damas, la palabra promiscuidad. Dirigí mi antena parabólica hacia lo que seguía, y tuve suerte de activarla cuando la conversación comenzaba, ¡pan caliente! Al parecer esta mujer es asidua de las redes sociales, anteriormente la oí hablando de algunas más conocidas, el caso es que en una de ellas, había tenido más un chat con un hombre, hasta llamadas telefónicas, y ahí viene lo de la palabra, este espécimen humano, antes de quedar en una cafetería con ella, había comenzado un interrogatorio un poco extraño. Que pegunten cuantas relaciones has tenido generalizando, está bien, es una de las formas de comenzar a conocerse, pero que acoten el tiempo diciendo: - con cuantas personas has estado desde el verano hacia adelante, es mas intimarte que otra cosa, puede pasar, si estas dispuesta a conocer esa persona, la segunda pregunta: ¿qué perfume gastas? Bueno puede ser que si conoce la fragancia, quiera reconocerte con ella, y si cuando lanzas el nombre te dice: - ¡ay que niña eres! (sin palabras) ¿verdad? Ya supongo que esta mujer un poco asqueada, y lo intuyo por su aspecto de practicidad, decide intentar aclarar la situación: - Le respondí con un: ¡qué sabes tú de mí! , sé muy bien quién soy, y mi perfume, no mi estado cerebral, sólo pone el toque que me apetece a mi cuerpo. En silencio, ¡la felicité! En cuanto continúo con el relato, yo ya tenía mi agenda dispuesta y mi boli desesperado por plasmar semejante historia. Evidentemente sus salidas elegantes no las percató, ¡ni una!, con lo cual, le dejó caer que él tiene 28 perfumes favoritos, y ¡todos en su casa!, y donde realmente termino de completar el cuadro descriptivo d ser un espécimen fue cuando le preguntó qué diría de él después de saber su visión del mundo a través de sus aromas. - Se lo puede decir más alto, pero no más claro: que esta conversación ha concluido definitivamente, y con respecto a tu inquietud si soy promiscua, creo que tienes que mirarte o mejor dicho pasarte por un terapeuta urgente!, tienes graves problemas y no seré yo quien se haga cargo, que todo vaya bien. Fin de la llamada, a estas alturas, no llevaba sombrero pero literalmente me lo quité ante aquella mujer. ¿Dime a que hueles y te diré quién eres? Me imagino una mujer del África, una de los refugios Mapuches, una de Groenlandia, una neoyorquina, una latina, ¿cómo hubieran respondido? Sin dudas me sale una carcajada mientras escribo, porque imagino las respuestas, es más me arriesgo a decir que de la palabra perfume la conversación no pasa, eso sí, le seguiría más de un taco, y bien merecido ¿verdad? Creo que ante tanta crisis y manejos externos de nuestras personalidades e intereses, deberíamos aprovechar a decir ¡BASTA!

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