domingo, 11 de diciembre de 2011

¿Una conversación de época?

Refiero a época a la relación entre la monarquía y la plebe. En el siglo XXI y con un mundo revuelto por un sistema que cada día nos excluye a los que “no” apostamos por cuidar el pulpo financiero, de repente y como salido de las tablas de un teatro, relata en mi mente, con firmes intenciones de llevarme hacia el castillo donde se llevaría a cabo la escena, ¿un caballero reconociéndome como su reina? ¿Asombro? ¿Sorpresa? ¿Intriga? Una cucharadita de cada una, fue lo que hizo continuar con su, de más está decirlo, perfecto monólogo castellano. Mi curiosidad y mis tantas horas de películas y libros históricos siguieron el juego, que aunque hayan sentido ser tratadas como reinas, si se cruzan con este caballero, lo demás poco interés tendrá. Supongo que al encontrarme en una cafetería, la misma de cada mañana, frente a la biblioteca y mi mesa casi pegada al buzón donde depositamos los libros en días y horarios fuera del rango establecido, este caballero aprovechó la apertura mecánica de las puertas, aunque supongo que para su sorpresa, como salido de un cuento, no comprendía mucho que un cristal se deslizara de un lado hacia otro sin que nadie lo maniobrara. Comenzar su dialogo y ante semejante aparición, miré hacia los costados para corroborar que se dirigía a mí, efectivamente, su mirada clavada en mi mesa y con la firmeza de su postura se presentó ante su reina sin rebasar las escalinatas que nos separaban, entre mi silla y su presencia. Por minutos estupefacta y con el silencio de la sorpresa por testigo, escuche cada palabra en declaración de sus intenciones, y no porque mi oficio sea escuchar y observar, sino por el tinte que estaba dando a la mañana por demás normal. Si pudiera transcribir cada palabra os aseguro que enmudecerías, sin embargo puedo decir que en una hora de conversación el asombro tocó techo, su sumisión absoluta hacia mi persona por un instante me trasladó al castillo. - No es lógico – pensé – no es real, debe ser producto de mi imaginación Pero por lo que nos duró el café, dejé libre los costados oscuros de mi imaginación e hice lo que él pretendía: sentir el sabor de reina.

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