viernes, 20 de enero de 2012

La red

Una ciudad, cuatro millones de personas, cientos y cientos de coches, un hombre cansado de una vida sin afectos, viviendo en familia ficticia, un hijo real, y… ¿cuándo descubres que una vida así, es normal? Cuando miras a tu alrededor y te encuentras con hombres igual que tu volviendo del trabajo con el peso de lo que vendrá, cuando en medio de un atasco a las 20 hs, ya no te preocupa, sino que te da tiempo para pensar y cuando menos lo esperas tus compañeros circunstanciales de carretera hacen lo mismo que tu, se dejan llevar por el tiempo detenido, cuando sales a dejar la basura y no eres el único, cuando la correa de un perro tira hacia un parque y encuentras mas correas perros y hombres descontentos, cuando los sábados entras al supermercado y te reflejas en otras caras, cuando al pasar por el baño antes de acostarte miras al otro yo, cuando ese te dice: está todo mal, y no lo crees, cuando recuerdas y ni siquiera puedes sonreír, cuando miras a quien hace tiempo atrás decidiste fuera tu compañera de viaje y ni siquiera recibes su mirada, mucho menos un abrazo, ni hablar de besos y caricias, cuando ves en su cara que ha borrado la sonrisa, al menos cuando está a tu lado, y es entonces que te conformas y te auto convences de que eso es vivir, hasta que de repente te encuentras a un jodido tío que esta sonriendo en plena calle con su chica, y eso si que jode, porque es el entender que en realidad no estás viviendo, estas pasando por lo que se llama personas en una ciudad y sólo eso! Mientras te envuelves en que todo está arreglado por tus días, en alguna calle con agenda, documentos, prisas por conseguir objetivos perdidos, un pasado con fantasmas, un presente con demasiados altibajos, conectada al mundo tecnológico enfermizamente tuitera, intentando darse a conocer por el circulo de la escritura, locamente enamorada de su vida, así, tal y cual transcurre, capaz de hacer detener a cualquiera para regalarle una sonrisa, ella danza al compas del tiempo que toca vivir, con la única preocupación que a su hijo no le falte nada, lo demás… lo demás ya vendrá. Ella busca, no deja huecos sin intentar entrar, cada mañana el desafío es conseguir un lugar en la ciudad, ese lugar que la posicione en una persona laboralmente activa, y aunque no lo logre jamás dejará de sonreír, es su mejor arma, lo sabe, y con ella llegara al final, y aunque sus finales son cada día, espera el amanecer para recomenzar junto con la labor del sol, calentar el costado que toca al planeta, no piensa mucho en mañana, lo adquirido hoy tiene el valor de eterno, y aunque nadie lo note, sus pasos por las calles son firmes y seguros, sabe dónde está, tiene claro que no es fácil cada día, pero desafía las fuerzas de la gravedad sin caricias, ni besos, ni miradas cómplices, igual que tú, pero ella tiene muy claro que esto no es normal, y es por ello que busca incansablemente “ese” que la mantenga soñando por el resto del viaje. Cuando el destino juega a los escondites, es cuando las redes sociales pueden hacer que suceda lo que está pasando, tú con una vida armada, entras para desconectar y lo que haces es conectar, con ella, si, a quien los estructurados, como llama a los casados, no le van, contigo ha salido de la pagina y te ha mostrado su lado intimo, su chat, ese que utiliza para trabajar en red. Poco saben de cada uno, pero los minutos se llenan de información, que hacen que alguna que otra palabra se cruce del carril del: somos conocidos de chat, punto. Los perdones, el querer borrar cuando has pinchado enviar quedan en un “maktub” y ya nada puede solucionarlo, las explicaciones que no aclaran sino que oscurecen, y los pensamientos individuales que les juegan malas pasadas terminan siendo el denominador común entre ustedes, un ustedes que los días han convertido en citas ciegas, sordas y mudas cómplices de una conversación que se torna cínica pero honesta, algo que ninguno de los dos necesita aceptar dadas las condiciones en las que transcurren sus vidas verdad? Y… mientras un calentador pierde agua a la espera de un técnico responsable, una calefacción que necesita vigilancia permanente, un lavavajillas que decidió unirse al club de electrodomésticos rotos, todo incluido en un cuadrado ínfimo de una ciudad, que ella, tapada hasta las narices camina en busca de lo suyo. Las coincidencias ocurren cuando se distrae el destino, es cuando ves que hay mas ellas por la calle pero en silencio pretendes llegar a la rubia, sigilosamente, sin que lo perciba, como el niño que come chuches a escondidas, el temor a ser descubierto lo hace fascinante, jugando a estrellarte, la imaginación hace que la pienses en mil formas diferentes, pero en ningún caso en el contexto del rechazo, lo sabes, está contigo y no quieres develar su secreto, ella te da lo que quiere y de momento eso te basta, y mientras pasa por tu puerta el nuevo técnico salvador de casas, le sonríes recordando que si deja todo en condiciones le darás un abrazo de oso, ese que necesitas tú, y el beso de agradecimiento, ese que tanto anhelas de ella. Sin que ninguno de los dos se lo proponga, sus mentes están conectadas por segundos de inconsciencia, instantes de locura y porque no de magia, jamás se dirán que mientras viven se piensan, eso queda en la caja de cosas no dichas, el día transcurre esperando los momentos de conexión será el momento de dormir los pensamientos y comenzar la ficción de amistad que los dos se han creído, y que tan bien les sale, y así la tarde transcurrirá en llenar los espacios de información que cumple la doble función de: conocerse y disfrutar de un tiempo que los dos han pactado hace unos días en estar frente al ordenador, la rutina pasa al segundo plano y en cuanto a la imaginación… es la reina del chat!!!

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