viernes, 25 de octubre de 2013

Para leer escuchando Ludovico Einaudi

No se si soy la única o a todos  nos pasa esto de predicar la libertad, esa libertad de querer estar solos y disfrutar de los silencios que aparecen sin ser llamados, silencios que precipitan la voz interna que a gritos nos dice: deja de mentir, tu no quieres estar sol@ tu lo que quieres es ese placer de ser imprescindible para alguien, sin que  ocupe parte del baúl de los "necesito" y es donde me encuentro en la bipolaridad de sentir un poquito, pensando mucho, negando más, atrasando las urgencias de buscar,  esperando los encuentros,  deseando los abrazos, degustando de ante mano los besos que están por venir, imaginando los suspiros al sentir las estrellas en mis manos, descubrir que tengo magia en las caricias cuando te miro, contemplando la libertad que cuido como se estalla en tus ojos que al igual que mi ego protegen el espacio intocable, sin nombrar las sensaciones por su nombre, no vaya a ser que caigamos en la desidia de decirnos lo in-nombrable, siempre velando en silencio el baúl de los necesito, asegurando la libertad de expresión sin mezclar la libertad de lo verdadero que siento cuando aparcas tu mirada en la carretera del aquí estamos y es que  me alcanza el instante de hallarte y me falta el momento  que te quedes,  el tris  acalla la voz y despierta la inexplicable necesidad de formular mi existencia en estado dual frente a tu esencia.
No se si soy la única, sin embargo admito mi engaño, me gusta la libertad yuxtapuesta a la tuya.

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