lunes, 4 de junio de 2012

Encontrándonos...


Si sabes cómo hacerlo… hazlo.
Esta frase me salió de un mensaje de las redes, y hoy es un día en que me gustaría contarles lo que me hizo sentir.
Muchas veces aún intentándolo desistimos, es en el mismo momento que dejo de creerme capaz y abandono, es cuando mi entusiasmo se convierte en rutina, cuando aparco las ganas para librarme a lo que surja, cuando dejo que me consuma lo fácil, tiro la toalla dando como ganador al fracaso.
Esto sucede cuando mi conciencia dormita, se toma una siesta y lo permite, y la lógica realidad sale a construirme el presente, aprovechando el espacio vacio, lo llena de dudas, preguntas y hasta de oscuras sombras del pasado, adentrándome a lo sufrido,  entiendo que esto nos termina pasando a todos por algunos momentos de nuestras vidas, algunos se dejan arrastrar y otros lo tomamos como un descanso asumible de nuestros sueños, en cuanto pasa nos reciclamos, avanzamos, nos entendemos como docentes de vida.
Hace un tiempo atrás suponía que la gran variedad de formas de avanzar nos conducían hacia el mismo lugar, con los años me doy cuenta que no, solo quien nos conduce al crecimiento es la carretera del sentido común, ese señor tan nombrado y tan poco utilizado.
Mientras retomo mis trozos de este descanso, siento la inmensa presión de llegar a él, ese que me hace vibrar con una sola palabra, ese mismo que hace un tiempo atrás me dejó tirada, el mismo que un día decidió que nos quedaban treinta y nueve años para estar juntos, el que me cuidó cuando más sola estuve, el que no dejó un solo instante  en mis presentes infinitos, llenos de momentos felices, encuentros inauditos, tardes de amigos, citas a ciegas,  incertidumbres, angustias, desolaciones, el que un día de otoño se presentó ante mi diciendo “te quiero”, ese mismo que tiene un nombre tan corto que casi ni lo nombro, solo pensarlo está aquí: “YO”.

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