miércoles, 25 de septiembre de 2013

Adolescentes

"Ser jóven no es tener una edad, es tener una idea y llegar a hacerla realidad"

-Tengo un plan - Familia: ¿Cuenta que existo? - ¡No soy tu enemigo, soy tu padre! - Armando el puzzle de mi vida-

Algunas de las expresiones nos suenan, otras las pensamos o la piensan nuestros hijos, el caso es que cuando nos entra un adolescente a la habitación color pastel con mantas de dibujos animados, cajas de juguetes dando vueltas por los rincones, muñecos/as, nos convertimos en bipolares de inmediato, a saber: cuando estamos con amistades nos jactamos de tener un pre-adolescente en casa, como si fuera toda un hazaña del crecimiento y no un orden natural de la evolución, pero al llegar a casa y descubrir que la habitación pastel, las mantas, los juguetes y hasta las cortinas de flores o pajaritos o estrellas, han sido reemplazadas por: manta - ninguna- carteles de señalizaciónes desde la puerta de entrada (tocar antes de entrar) hasta en la cabecera de la cama, en estas instancias convertida en cueva, un cuadro de una de las partes de un semáforo, el de color verde obvio dando paso libre a la imaginación en decoración, una alfombra que no se visualiza debido a la cantidad de ropa y calzado que habita en ella y por último en un altar el ordenador acompañado de su discípulo la consola de video juegos. Es aqui cuando la neurosis normal de cualquier razonamiento del orden se transforma en patología, la bipolaridad con el agregado de paranoia compulsiva, porque creemos que la transformación de su cuarto es un atentado contra el funcionamiento del hogar, pero...nos sentimos orgullosos de tenerlo en casa, aunque no podemos entrar a su lugar, descontanto el salir juntos, como hace dos días! ,  trae sus amigos que todos comen de la misma forma, como si estuviesemos en situación de desabastecimiento total, en fin un adolescente debería refrescarnos la vida, sentirnos tan libres como ellos, con la mochila de la experiencia y los valores de lo que realmente tiene sentido, porque nos lo han prestado para eso, para que aprendamos a vivir un poco mas livianos de tantas exigencias que al final de camino solo recordaremos esa mirada de vaca perdida pidiendonos permiso para salir.
Tú decides... si tu adolescente es tu peor pesadilla o tu mejor aprendizaje.

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