miércoles, 6 de noviembre de 2013

Con valor y sin precio

Llevo varios días de sorpresas en sorpresas, hace casi una semana dos grandes personas, dos almas que hace un tiempo entraron en mi camino, dos seres que al tenerlas frente es imposible no quererlas, no reir a carcajadas, no parar de hablar, no dejar de sentir la amistad personificada, la complicidad en estado puro, esas dos personas llegaron sin previo aviso, como hacen los amigos, a Barcelona a pasar el puente en mi casa, su casa, cuatro días para ponernos al tanto de los detalles de un año casi y medio sin vernos, y debo reconocer que verlas fue un aire de frescura, trajeron a mis días los aires de la simplicidad, la cara del pueblo que años atras me acogio como una más, fueron ellas y otras tantas personas  que hicieron de Javea  mi pueblo, ese lugar donde siempre deseo volver, ese sitio mágico donde en silencio en sus rocas me despedí del pasado, me reconcilié con la Marcela interna ; fue su mar quien me encontró con el presente.
Estos días paseando por la linda Barcelona, ahora un poquito mía, recreó algunas experiencias en epocas de verano, y es que cuando la espontaneidad de querer ser, solo ser, trae locuras como hacer andar kilómetros a una pierna con un esguince, solucionado con una venda de futbolista, y pa lante!, como tambien adelantarnos en las taquillas del metro o no molestar a la señorita del esguince con su lucha con el wiffi, cuando la otra hizo de mi sala su habitación y tan ancha ella luchando con la Pelusa, la perra, por los lacitos de sus zapatillas, como tambien olvidarme decirles como funcionaba el calentador de la ducha o prepararnos para salir como adolescentes que si esto esta bien, que si voy de tacon o no, espera que me pinto yo primero, pero yo quiero hacer pis, y terminar saliendo dos horas después de lo previsto, tomarnos fotos en todo sitio posible o no, pero tener las instantaneas vividas y que el mundo nos viera lo felices que eramos solo con el estar juntas, gritarnos en plena calle y pelearnos con los conductores de ciudad por no cedernos el paso, ser libres, sentir la inmensa pasión de toda una noche de charloteo con un agua, las miradas, las lagrimas, las sonrisas, los recuerdos, los planes y lo que nos queda por vivir.
La despedida dejó el amargo de un cafe, otra vez sola, reir por tantas experiencias en solo cuatro días, resumidas en una palabra: amigas.
El universo conspiró y nos regaló una oportunidad más de compartir, Gracias por ser parte de mi vida, Gracias por ser ustedes siempre, Gracias por elegirme, Gracias por las risas, los abrazos y los achuchones, Gracias por existir!!! Las quiero mis locas: Alicantina trucha y Chuchi Picarda "wiffi"

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