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lunes, 24 de marzo de 2014

Clases de natación - Capítulo primero

Aprender a nadar no es tan fácil como te lo pintan, no no no, más si cuando incursiones en el mundo acuático te "meten" si, así tal cual, porque no entras por voluntad sino porque hay mas de treinta personas mirando cómo harás con un metro cuarenta y ocho centímetros para mantenerte con la nariz fuera del agua en una piscina olímpica, pero ahí estas tú y tipo pulpo, para no desviar la atención del tema, te sujetas a la orilla como puedes. Una vez que estás dentro comienza el circuito de observación casi con vehemencia insoportable de buscar donde hacer pie, la desilusión llega pronto cuando miras donde estas sujeta como garrapata un numero  raso dice: dos metros diez de profundidad, allí llega entonces el siguiente mecanismo que tenemos los humanos: a gritos decirle al entrenador que no haces ¡pie!, y es que...en la desesperación no has observado que justo donde estás literalmente colgada al vacío acuático hay un borde del cual en normales condiciones de estatura haces pie de cabeza completa fuera, en mi caso no es así, pero bueno volviendo al tema del aprendizaje, tan tan fácil no es cuando recuerdas y traes a la realidad aquella imagen de tu padre con las piernas en un río de piedras diciéndote a grito pelado "te vas ahogar" y tu con el agua hasta las rodillas lo crees sin más!!! ¡Es que tu padre lo dice!... y su pánico pasa a ser parte de la herencia. 
Pero tu que eres cabezota por naturaleza sigues ahí sin olvidar la voz de tu padre, te tiran un churro (flotador) y dime tu cómo cree el entrenador que yo seré capaz de cogerlo sino puedo soltarme de la orilla, esto se soluciona fácil, viene el y me planta el churro bajo los brazos y me dice (tan rico él) vamos a dar una vuelta, una vuelta? no no lo que hicimos fue muchos metros y yo sujeta a sus manos con el churro entre los brazos...vamos las clases que llevo de natación a pesar de la herencia recibida puedo decir que no sé si aprenderé a nadar algún día, lo que sí sé, es que tengo una tribuna de fans de treinta personas cada sábado, un entrenador que es un divino y lo más importante lo bien que me lo estoy pasando en el intento!!!

lunes, 8 de abril de 2013

Nuestro mayor miedo...

Un diálogo donde solo cabe el sentir y ser agradecido de lo que somos capaces de lograr, un descubrir nuestra luz y dar la posibilidad de brillar a otros.

miércoles, 2 de mayo de 2012

"Trasfondo"

Hay días que despierto más futbolera que otros y con tanta información de quien desciende, quien se mantiene y quien tiene todo ganado, he pasado página hacia quienes lejos de ser conocidos y reconocidos, están detrás de los deportistas, la familia, si, a los padres, abuelos, tíos/as, primos/as, amigos de siempre, los antiguos profesores, entrenadores, y a todos aquellos que en un gol de tal o cual jugador nos lo presenta en la dedicación de su tanto apuntado a favor del “equipo”, y aquí me detengo un momento, en “equipo” ya que para salir a un campo hace falta que detrás exista un “equipo” de jugadores, de técnicos, de familias, un equipo sí, porque la resistencia a tanta presión sólo puede ser sostenida por “esos” equipos que no se ven, que en silencio y en el anonimato hacen de cada deportista mejor persona, más humano, más consciente de lo que vive, que le muestran el camino, que las luces no lo encandilen, y sobre todo a saber que cuentan con ese respaldo en cada jornada. Esto ocurre en cada categoría de cadetes hacia delante, para atrás la cosa cambia, “esos” equipos se convierten en la mismísima presión, la falta de criterio (por ser aún niños) de los padres en especial, los detiene ante una directiva de sus entrenadores, generan la disyuntiva (en segundos) de ¿a quién hacerle caso? Tendrán idea, estos padres (que no son todos) la ruptura en decisión que provocan a sus hijos, creo que no, nadie quiere eso para su hijo ¿verdad? Adentrándome y acotando el percal, hablaré de lo conocido, lo desconocido quedará en borrador para otra, tengo que decir que hay padres que les haría terapia conductual, pero a la vieja usanza, me entienden si?, porque sus actos son los que lo definen como persona y esos mismos actos son los que enseñan, no tienen idea que las palabras acompañadas de una acción se transforma en “ejemplo” a copiar o imitar por sus hijos. ¡Eso sí! Les pedimos que sean buenos, responsables, educados, colaboradores, y lo mejor en un campo deportivo; tendríamos que revisar ¿qué entienden por estos adjetivos? Los conceptos pueden variar, si no es inexistente una explicación lógica al comportamiento de “estos padres”.
Algo tengo claro, nuestra jubilación entre las reformas y la vida que le mostramos a nuestros hijos, queda asegurada en la más absoluta y cruel soledad en una residencia de segunda mano: “calle”.

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